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domingo, 26 de abril de 2015

Cómo limpiar el alma de los niños heridos...


Querido Mundo,

En este día meditativo de lluvia, que limpia y purifica.
Pequeñas gotas insistentes caen sobre mí, como caen las palabras sobre los
Poemas caídos en  paraguas abiertos.
Me estaba preguntando, porque no puedo dejar de hacerlo,
 cómo podemos limpiar las pupas internas de nuestros niños.
Las pupas que los adultos infligimos con nuestros egoísmos conscientes,
a nuestros indefensos  pequeños poetas, sin mancha ni culpa de la selva dónde han nacido.


Da igual quién inflija la pena, ellos no son los culpables.
Cuando su lluvia de sal, cae sobre mis hombros caídos, y no puedes explicarles nada, más que secar y secar y secar. Cuando les miras a los ojos, y ves que sus ojitos tiernos te suplican palabras que no puedes ni sabes dar. Te invade una hambruna de furia, de ansia,  de rabia. Una hambruna que te haría matar por no tener que secar esas lágrimas.
Pero hay que despertar, y despejarse, y plantarte firme ante la vida, fuerte, valiente, como leona que eres hacia tus crías. Y buscar alimento. Más vivo, más muerto, pero alimento.
Da igual de quién sea la culpa, tus hijos tienen que crecer sanos y fuertes. Y tú eres su sustento.

Ellos son reflejo de tu miedo, pero se hacen los valientes, e intentan con sus escasos medios, hacer lo que toca.
Crecer antes de tiempo. Y no pedir. Y aprender  el esfuerzo de cada tontería que otro niño tiraría sin apenas haberlo abierto, son para ellos como rayos de luna. Claro, que no deja de ser una lección de vida. Animales somos. Y sólo los fuertes sobreviven. Y eso sí que lo son,  fuertes, dignos, valientes, creativos. Maravillosos niños míos.

Y cuando la pena y la desesperanza alcanza sus cuotas máximas, entonces te rodean sin avisar y con sus mejores sonrisas te abrazan y te devuelven la confianza y la fuerza necesaria para seguir, cazando, buscando. Encuentras, vaya que si encuentras. No hay otro camino. Y aunque suene duro, aprecias lo más importante de la vida, su futuro. Entonces, respiras, apartas tu ira, no consumes más energías, y te pones en pie. Resuelta, decidida. Eres fuerte y podrás, te dices a tí misma. Pero tendrás que hacerlo bien. Sin equivocarte, no puedes permitírtelo. No debes.

Y lo mejor de todo, porque siempre hay escapatorias para los desesperados, es que creces con ellos. Creces en promesas que cumplirás siempre. Y consigues centrarte. Tu egocentrismo vuela, porque le echas, le soplas. No es el momento de conversar, es el momento de actuar. Y ellos aprenden a ser corteses con los demás , empáticos, solidarios, cuidadosos con su material, simplemente porque no hay más. Valorar el esfuerzo de lo material, y lo bonito de los demás.

Ahora, dejo de pensar, consume mis energías, y no, no me lo puedo permitir, tengo que estar fresca y decidida para mañana continuar. Aunque mis esperanzas están abiertas y sé que lo conseguiré. Porque soy fuerte, valiente, decidida, con proyección, objetivos y metas. Y sacar a tus hijos a la vida es una meta poderosa y vital.

Siempre fuerte, siempre animosa, siempre en actitud, vuestra amiga.

Bárbara.

PD: Fuerza con fuerza más fuerza, igual a súper fuerza. Invencibles. Ánimo, sólo eso, mañana será otro día. Respirad y descansad. Que la mordida oscura del túnel no os haga caer. Porque sé que podréis, sé que podremos. Ánimo con la vida. Ánimo.