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lunes, 6 de abril de 2015

Personas que siguen buscando personas...



Queridas Personas,

¿Qué tal ha ido vuestro día en el hoy?.

                    El mío, sigue en la montaña rusa. Aunque cada vez las bajadas, en vez de ser tan aterradoras ,comienzan a ser llevaderas. En fin, quiero pensar que llegará un momento en que se parará por pura inercia. Confío en ello, y en el tiempo. Pero sobre todo confío en mí. En mi determinación, en mi fuerza, en mi valentía. Y, en mi cabezonería. Porque hay que ser cabezón contigo mismo, con tus objetivos, con tus metas, en esta vida. Que no te metan las ideas de otros a cucharazos. Que nadie se crea superior a ti para juzgarte. Y, si te juzgan... como los grillos cri, cri, cri. ¿Quién tiene la razón?, tú. Porque te sentirás bien.
                  Aún cuando te sientas desbordado por la vida. Podrás con más. Son momentos. Sentimientos. Pero que, como los dientes de león, se acaban esfumando una vez los soplas. Se dispersan por los cielos, volando hacia no sabemos donde.
Míralos como se van y déjalos marchar. Despídete de ellos. Y sigue con tu camino.
                 Cuando las lágrimas se agolpen en tus ojos, y se peleen por querer salir las primeras, déjalas que caigan pero mientras tanto, sonríe. Porque así, resbalarán mejor. No se quedarán secas en tus mejillas, sino que gotearán hasta que se pierdan en el mar, que es donde tienen que estar  las gotas de sal Y si hacen charco, chapotea sobre ellas con tus botas amarillas de agua. Y tú, ni te quedes a mirar. Sigue , sigue, sigue. Tienes tanto por recorrer. Auguro que no todo será felicidad, pero tendremos que aprender a ver lo positivo, lo bonito que hay detrás.

               Las urgencias que nos surgen, que creemos que realmente son urgentes, se cuelan en la fila de las prioridades de nuestras vidas. Así que, a no ser que sea algo realmente urgente ( como la vida misma), no arranques, permítete analizar la situación. Haz un ABC de tus prioriades, otro de tus urgencias, saca una báscula y pésalo. El que más pese, ahí está tu respuesta. Pero aprende, aprende a pararte a pesar. Aún cuando te vayan dando varazos entre las costillas.¡ No¡. Necesitamos nuestro tiempo. Nos han engañado. Nacemos con el tiempo empeñado ya desde niños. Mentira. Tú puedes empeñarlo, o no. Sé que es lo que nos enseñan desde niños. Yo, por desgracia, lo he hecho con mis propios hijos: levántate, vístete, haz tu cama, pero rapidito que nos tenemos que ir. Luego, al parque, (que es donde teníamos que ir). Come rápido. ¡¡¡ Y, es domingo, ¿ estamos locos?. Desde cuando nos pagan nuestro tiempo de una manera tan, pero que  tan racional. Mejor no saber que algún día se apagarán nuestros ojos. Seguro que nos organizaríamos muchísimo mejor. Como pienso que hasta que no te das cuenta de un problema, no puedes actuar, estamos  exentos de culpa y responsabilidad. Pero, ¿qué sucede cuándo ya nos hemos dado cuenta?, ¿eh?. 

        Yo, ayer, estuve disfrutando con mis hijos de una manera muy simple. Sólo a carreras de cosquillas. Bandera  verde para empezar; bandera blanca para respirar; bandera amarilla de, ¡jajajajajaja que empiezo a cansarme...¡. Y, bandera roja de, no puedo más ¡hip¡ ,¡ para ya¡.
 Si trasladamos  este sencillo y pueril juego a nosotros mismos, creo , sinceramente, que seríamos más felices y despreocupados. Porque los colores, que parece que sólo importan en los vestidos y en los coches, también cuentan para fraccionar nuestras energías.  Para hostigarnos a comenzar. Advertirnos de que empezamos a cansarnos. Tener la opción de parar a hacer un break, o un kit-kat, o un café... respirar, preparados, listos... ¡ Bandera verde¡. Y, cuando el jueguecito ya sea pesado, bandera roja, hasta otro día. A mis hijos y a mí, nos encantó el juego, qué bien lo pasamos, hacía pero tanto tiempo, ¡tanto¡, que prefiero no pensarlo. Aunque mi tiempo me ha dado una oportunidad y, yo, la voy a aprovechar. 

             Desde luego que tenemos que trabajar porque , aunque nos creamos superiores, no dejamos de ser hormigas obreras. Todas las sociedades, aún las más pequeñitas están jerarquizadas y será por algo, digo yo. Pero con respeto y propósito. Llegar al invierno. Y, luego ¡a descansar¡. Que ya toca.
 Las hormigas me entusiasman. Les rompes las filas y, como imanes vuelven a unirse, porque saben que les va la vida en ello. Pero luego saben vivir la vida. Seis meses de trabajo constante, tranquilo, organizado, para luego "pegarse" otros seis meses de vidorra en el hormiguero. Está claro que somos más complejos que las compañeras hormigas. Pero nos ganan en organización. De pequeña, me tiraba horas y horas mirando los hormigueros. Me resultaban fascinantes. Las respetaba tanto... vale, acordaros, no me juzguéis , cada uno tiene sus aficiones, ¿no?. Pero me enseñaron lo importante que es saber organizarse bien para cumplir con nuestros cometidos en esta vida, sea del tipo que sea. Si no, te conviertes en una ruidosa lavadora que a base de girar y girar, se va oxidando, hasta que el tambor, ¡pum¡. A la chatarra.   

           Bueno, estamos en pre electorales y había que hacer un poco de mitín. Yo milito en el mundo. Y voto a quien me vota a mí. Así de simple. 

Un beso, que vamos cogiendo confianza. Para mí, es la tercera carta que os escribo. Os voy ganando, no os digo nada. 

Pacientemente,

Bárbara.